Por Lizeth Lopez Hidalgo

Leo Kanner, medico vienés, por el año 1943, presenta 11 casos clínicos que ilustran una entidad clínica caracterizada por “la incapacidad de los niños para relacionarse de la manera ordinaria con las personas y situaciones desde el principio de la vida” (Kanner, 1943, p. 140), hoy conocida como el Trastorno Autista.

Así, la Asociación Psiquiátrica Americana prefiere el termino Trastorno por Espectro Autista, como se puede revisar en su versión numero 5 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, que incluye no solo al Autismo Típico (de Kanner) sino al Trastorno Desintegrativo Infantil, Síndrome de Asperger y al Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado.

Entonces se puede entender que el Trastorno por Espectro Autista (TEA) es:

  • – Un Trastorno neuropsiquiátrico.
  • – Su prevalencia aproximada es del 1%
  • – Es mas frecuente en niños, con una relación niño/niña de 4:1
  • – Presenta una amplia variedad de expresiones clínicas, de allí el termino “espectro”.
  • – Es el resultado de disfunciones multifactoriales del desarrollo del sistema nervioso central.
  • – Su herencia es poligénica (se hereda de los padres y se encuentra ligado a mas de un gen mutado).
  • – Puede estar asociado a enfermedades médicas, trastornos genéticos, trastornos mentales, discapacidad intelectual, trastornos del neurodesarrollo, trastorno del comportamiento, entre otros.

Sin embargo, hablamos de individuos y no de trastornos, por tanto, la variabilidad clínica es amplia:

  • Un 1/3 de los niñospresentan discapacidad intelectual, mientas que los 2/3 restantes presentan capacidad intelectual normal o superior.
  • Presentan déficit persistente en la comunicación e interacción social.
  • Respecto a la comunicación social, pueden ser desinhibidos o no querer interactuar en absoluto.
  • Exhiben dificultades en la comunicación no verbal y verbal.
  • Presentan intereses restringidos y conductas rígidas (preocupación intensa por ciertos objetos, apego intenso a ciertos juguetes, movimientos o posturas repetitivas, entre otros).
  • Exhiben trastornos sensoriales (hipersensibilidad a estímulos, selectivos con los alimentos, entre otros)

Por la gran variabilidad clínica, el Trastorno por Espectro Autista (TEA) es de difícil diagnóstico, haciéndose aproximadamente alrededor de los 3 años de edad. Con el devenir de las actualizaciones en criterios diagnósticos, al presente, es posible sospechar de TEA alrededor de los 18 meses de edad (Matson, Boisjoli, Hess & Wilkins, 2010; Rojahn et al., 2009).

Así, es importante advertir algunas señales de alerta para el Trastorno por Espectro Autista.

Comunicación

  • No responde a su nombre
  • No dice lo que quiere
  • Ha dejado de emplear palabras que antes decía
  • Tiene problemas de lenguaje
  • No señala
  • No dice adiós
  • A veces parece “sordo”
  • No sigue por donde se le señala
  • Parece oír unas cosas y no otras

Relacion Social

  • No nos sonrie
  • Parece que prefiere estar solo, “en su mundo”
  • Coge los objetos por sí solo
  • No mira a los ojos
  • Es muy independiente
  • No se interesa por otros niños
  • No sintoniza con nosotros

Conducta

  • Tiene Rabietas
  • Suele ser hiperactivo y oposicionista
  • No sabe como jugar con los juguetes
  • Tiende a alinear los objetos
  • Esta excesivamente apegado a algunos objetos
  • Es hipersensible a algunas texturas y /o ruidos
  • Repite las cosas una y otra vez
  • Realiza movimientos repetitivos

Es posible que los padres cuestionen la utilidad y pertinencia del diagnostico o del “etiquetaje” a temprana edad; sin embargo lo que se busca con el diagnóstico temprano es precisamente lo opuesto: “no etiquetar”, “no estigmatizar” sino más bien “advertir” aquellas áreas problema para su intervención oportuna – mejorando en el proceso – la calidad de vida del menor.

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